La neurobiología de la ansiedad: cuando tu cerebro intenta protegerte
- Sandra Abella

- hace 17 minutos
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Sentir ansiedad no significa que seas débil.Significa que tu cerebro está activando un sistema diseñado para mantenerte con vida.
La ansiedad es, en esencia, un mecanismo de supervivencia. El problema no es sentirla. El problema es cuando el sistema de alarma se queda encendido incluso cuando ya no hay incendio.
Entender qué ocurre en el cerebro nos permite cambiar la narrativa: no es “algo está mal en mí”, sino “mi sistema de protección está desregulado”.
La amígdala: tu detector de humo interno
La amígdala es una pequeña estructura del sistema límbico encargada de identificar amenazas.
Cuando detecta peligro:
Aumenta la frecuencia cardiaca
Activa la respiración
Libera adrenalina
Prepara el cuerpo para luchar o huir
El detalle es que no distingue bien entre un león… y un examen final.
En personas con ansiedad, estudios de neuroimagen muestran una mayor activación amigdalar ante estímulos ambiguos o sociales (Etkin & Wager, 2007). Es como tener un detector de humo demasiado sensible.
La corteza prefrontal: la voz racional
La corteza prefrontal es la parte del cerebro que evalúa la situación con lógica.
Normalmente funciona así:
La amígdala detecta peligro.
La corteza prefrontal analiza.
Si no hay amenaza real → se apaga la alarma.
Pero bajo estrés crónico, esta regulación se debilita (Arnsten, 2009).Entonces la emoción toma el control antes que la razón.
Y ahí aparece esa sensación de:
“Sé que no es tan grave… pero mi cuerpo no se calma.”
El hipocampo: memoria y contexto
El hipocampo ayuda a diferenciar el presente del pasado.
Si alguna vez viviste una experiencia estresante intensa, el cerebro puede aprender a asociar situaciones similares como peligrosas. Con exposición prolongada al cortisol, incluso puede reducirse su volumen (Shin & Liberzon, 2010).
Por eso la ansiedad no siempre es irracional. Muchas veces es memoria intentando evitar dolor.
El cuerpo también habla: el eje del estrés
Cuando la amígdala se activa, pone en marcha el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal.
Esto libera cortisol, que:
Moviliza energía
Mantiene el estado de alerta
Modula el sistema inmune
Si la activación es constante, pueden aparecer:
Problemas digestivos
Alteraciones del sueño
Fatiga persistente
Mayor inflamación sistémica
La ansiedad no se queda en la mente. Se siente en el cuerpo.
Neurotransmisores: el equilibrio químico
En la ansiedad suelen observarse alteraciones en:
GABA (menos efecto inhibidor → menos calma)
Serotonina (regulación emocional alterada)
Noradrenalina (exceso de alerta física)
Por eso algunos tratamientos farmacológicos actúan sobre estos sistemas. No “anulan emociones”; buscan restaurar equilibrio.
Entonces… ¿qué es la ansiedad?
Es un sistema de supervivencia sobreactivado.
Es tu cerebro diciendo:
“Mantente alerta, algo podría salir mal.”
El problema no es que exista. El problema es vivir en estado de amenaza constante.
Una mirada más compasiva
Desde la neurobiología, la ansiedad no es falta de fuerza de voluntad.
Es:
Un circuito límbico hiperreactivo
Una regulación prefrontal debilitada
Un eje del estrés activado en exceso
Comprender esto reduce el estigma y abre la puerta a intervenciones basadas en evidencia: psicoterapia, ejercicio físico, regulación respiratoria, farmacoterapia cuando está indicada.
No se trata de “dejar de sentir ansiedad”, sino de enseñarle al cerebro que ya no hay peligro.

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