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Salud en redes sociales: ¿Cuándo un "like" vale más que la evidencia?

  • Foto del escritor: Sandra Abella
    Sandra Abella
  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura

En la era digital, nos enfrentamos a una paradoja constante: ¿estamos mejor informados o simplemente más expuestos? 

Cada día, millones de personas consumen contenido sobre bienestar, nutrición y salud mental en videos de apenas 30 segundos.

Sin embargo, en el ámbito sanitario, lo que resulta convincente no siempre es sinónimo de veraz.


La democratización del conocimiento: el lado positivo.

Las redes sociales han transformado radicalmente la comunicación en salud, permitiendo que información médica valiosa llegue a audiencias que antes no accedían a fuentes científicas.

 

Entre los beneficios más destacados se encuentran:

  • Mayor visibilidad de la salud mental.

  • Difusión masiva de campañas de prevención y autocuidado.

  • Formación accesible para estudiantes y profesionales del área.

 

La comunicación científica ya no está limitada a revistas academicas; puede adaptarse a formatos breves, visuales y comprensibles. Cuando el contenido es elaborado por profesionales capacitados, las plataformas digitales se convierten en una herramienta poderosa para la promoción de la salud.


El riesgo de la desinformación: un problema de salud pública.

El mismo mecanismo que facilita la educación también acelera la propagación de errores.

La desinformación no es nueva, pero su velocidad de expansión actual sí lo es.

Los algoritmos suelen premiar lo emocional y polémico sobre la precisión científica, lo que genera varios problemas:

  1. Confusión entre la experiencia personal y la evidencia científica.

  2. Uso del miedo como herramienta de persuasión para captar atención.

  3. Priorización de la interacción (likes, compartidos) sobre la veracidad del mensaje.

 

El impacto de seguir consejos erróneos puede ser grave, derivando en decisiones clínicas inadecuadas o el abandono de tratamientos médicos necesarios.

 

Guía rápida: ¿Cómo detectar información engañosa?


Para desarrollar una alfabetización digital en salud, es fundamental cuestionar el contenido antes de validarlo.


Puedes guiarte por estas preguntas clave:

  • ¿Quién informa? ¿Tiene formación verificable en el área?

  • ¿Cita fuentes? ¿Menciona instituciones o estudios científicos reconocidos?

  • ¿Promete milagros? Los resultados "garantizados" o inmediatos son señales de alerta.

  • ¿Hay un interés comercial? ¿El consejo está ligado a la venta de un producto?

  • ¿Usa lenguaje absoluto? La ciencia suele hablar de probabilidades y matices; palabras como "siempre", "nunca" o "cura definitiva" deben hacernos dudar.

 

El compromiso del profesional y del usuario.


La presencia de profesionales de la salud en redes conlleva una responsabilidad ética.

Comunicar ciencia exige rigor, transparencia sobre conflictos de interés y un compromiso con la actualización constante.

El objetivo no es competir por la viralidad, sino ofrecer contenido confiable que permita tomar decisiones informadas.

 

Tener miles de seguidores no equivale a poseer conocimiento experto.

En un mundo donde un "like" puede tener más alcance que un artículo científico, el verdadero desafío es lograr que la evidencia sea visible y que la información sirva para orientar decisiones vitales de manera responsable.




 
 
 

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